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Las empresas quieren llevar la inteligencia artificial más allá del experimento, pero aparece una pregunta que no cabe en un eslogan: ¿quién controla los datos cuando la solución depende de proveedores, nubes y modelos externos? Ese fue uno de los temas centrales del Red Hat Summit Connect 2026 realizado en Santiago, un encuentro que reunió a más de 350 profesionales y líderes tecnológicos según la organización.

El evento se desarrolló en el Hotel Mandarin Oriental y puso sobre la mesa la soberanía digital, el software abierto y la seguridad. El concepto puede sonar abstracto, pero apunta a decisiones concretas: dónde se almacena información, quién administra la infraestructura, qué requisitos legales se aplican y qué tan fácil resulta trasladar un sistema a otro proveedor cuando cambian las necesidades del negocio.

Red Hat sostiene que las tecnologías abiertas pueden entregar mayor flexibilidad para combinar sistemas y evitar depender completamente de un solo fabricante. Esa es la posición de una compañía que comercializa servicios y plataformas empresariales basados en software abierto, por lo que corresponde distinguir su propuesta de una conclusión universal. Elegir código abierto tampoco garantiza por sí solo que un sistema sea barato, seguro o fácil de operar.

La discusión importa porque muchas empresas avanzan rápidamente con pruebas piloto de IA, pero encuentran dificultades al momento de integrarlas a procesos reales. Un prototipo puede funcionar con documentos de demostración; una operación productiva exige permisos, registros, continuidad de servicio, respaldo y protocolos para cuando la herramienta falla o entrega una respuesta equivocada.

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La IA escala cuando la infraestructura deja de ser un experimento

Los representantes de Red Hat hablaron de pasar desde pruebas aisladas a soluciones que puedan mantenerse en producción. Para lograrlo, una organización necesita decidir qué tareas automatizará y qué resultados espera, además de identificar restricciones de datos y costos. No basta con entregar una herramienta a un equipo y esperar que, con el tiempo, aparezca un modelo de negocio.

La infraestructura híbrida es una de las alternativas posibles. Una empresa puede mantener información sensible en sistemas propios y ejecutar otras cargas en servicios de nube, siempre que exista una arquitectura consistente y los permisos estén bien definidos. Sin embargo, esa flexibilidad añade trabajo de integración y exige competencias técnicas que no desaparecen simplemente por contratar una plataforma.

En la cita santiaguina también se destacó Lightwell, una iniciativa de Red Hat e IBM orientada a detectar y reparar vulnerabilidades en componentes de software de código abierto. Su desarrollo no comenzó en este evento: las empresas habían anunciado a comienzos de octubre que identificaron y remediaron más de 400 vulnerabilidades previamente desconocidas en bibliotecas Java. Ese antecedente sirve para entender la dimensión del problema.

Qué significa arreglar una falla sin romper el sistema

Muchos programas empresariales utilizan bibliotecas creadas y mantenidas por comunidades de desarrolladores. Si una dependencia contiene un error de seguridad, actualizarla puede resultar más complejo que presionar un botón. Una versión nueva podría afectar funcionalidades antiguas o integraciones críticas. El desafío consiste en verificar el problema, distribuir una corrección y comprobar que el negocio siga funcionando.

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Lightwell Clearinghouse ofrece a clientes empresariales un mecanismo para solicitar revisiones priorizadas de determinadas dependencias. IBM y Red Hat presentan esta aproximación como una forma de acelerar la reparación de software. No significa que todas las vulnerabilidades del ecosistema estén resueltas ni que cualquier empresa quede protegida automáticamente al adoptar un servicio.

La incorporación de agentes de IA plantea una presión adicional. Estos sistemas pueden encontrar combinaciones de fallas con mayor rapidez, de modo que identificar problemas sin corregirlos a tiempo se vuelve cada vez menos suficiente. Para muchas organizaciones, el trabajo de seguridad más útil es el que ocurre antes de que exista una noticia sobre un incidente.

La conversación chilena tiene además una arista de gobernanza. Los equipos de tecnología deben acordar con las áreas de negocio qué datos pueden procesarse, bajo qué condiciones y quién toma las decisiones cuando un sistema automático se equivoca. Dejar esas preguntas para después del despliegue suele ser más caro que resolverlas al diseñar el proyecto.

En Ohzom ya explicamos cómo Oracle y OpenAI proponen conectar asistentes con aplicaciones corporativas. El encuentro de Red Hat aborda el mismo desafío desde otra perspectiva: conseguir que esa conexión dependa de infraestructura controlable y pueda mantenerse segura. La gran prueba para las empresas no será cuántas demostraciones de IA muestran, sino cuántas funcionan con datos reales, reglas claras y responsabilidad definida.

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