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Un glaciar inmenso no se derrite como un cubo de hielo en un vaso. Su movimiento depende del océano, del suelo y de procesos que los modelos recién comienzan a representar mejor.

Un estudio desarrollado con el Laboratorio de Propulsión a Chorro de NASA, la Universidad de California en Irvine y Dartmouth College advierte que el glaciar Thwaites, en la Antártica occidental, podría aportar más al aumento del nivel del mar de lo previsto por algunas estimaciones anteriores. En determinadas simulaciones, su contribución fue hasta el doble de ciertas proyecciones de referencia. Eso no significa que el nivel global del mar vaya a duplicarse ni que exista una fecha exacta para una catástrofe.

NASA difundió el trabajo el 20 de octubre, después de su publicación académica en Nature Communications. El objetivo fue representar con más fidelidad lo que ocurre en el punto donde el hielo deja de apoyarse en tierra y comienza a flotar sobre el agua. Esa zona parece una frontera simple en muchos esquemas, pero la realidad es bastante más compleja.

El agua oceánica puede ingresar bajo una parte del hielo todavía apoyada en el lecho. Las mareas lo levantan y lo vuelven a bajar, alterando su contacto con el suelo y facilitando la entrada de agua relativamente cálida. Una pequeña diferencia en ese contacto puede modificar mucho la velocidad del retroceso del glaciar con el paso de las décadas.

Una frontera que en realidad es una zona

Numerosos modelos de hielo usan una línea de apoyo, conocida en inglés como grounding line, para marcar dónde el glaciar se despega del fondo. Los investigadores incorporaron una zona de apoyo más extensa, capaz de representar el ingreso de agua bajo kilómetros de hielo y sus cambios durante los ciclos de marea.

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Este enfoque ayuda a explicar por qué algunos procesos de retroceso se aceleran incluso cuando las temperaturas superficiales no cuentan toda la historia. El hielo puede perder estabilidad desde abajo; no depende únicamente del derretimiento visible al sol. El fondo marino y su pendiente también influyen en la dirección y la velocidad del movimiento.

La prueba más interesante del estudio fue comparar los resultados con observaciones satelitales históricas. NASA informa que el modelo reprodujo el retroceso observado desde la década de 1990 con un ajuste cuatro veces mejor que enfoques que omitían esa zona de apoyo. Un modelo que representa mejor el pasado ofrece una base más sólida para explorar escenarios, aunque sigue sujeto a incertidumbres.

Eso no convierte las simulaciones en certezas sobre 2100. Los resultados futuros dependen de emisiones, dinámica oceánica, cambios en otras partes de la Antártica y decisiones metodológicas. Por esa razón, lo responsable es explicar rangos y condiciones, no elegir la cifra más alarmante como si fuera un pronóstico meteorológico para mañana.

Thwaites es vigilado por científicos porque conecta grandes masas de hielo con el océano. Si retrocede, puede cambiar el equilibrio de regiones cercanas. Pero el comportamiento de una plataforma de hielo y el aporte de hielo continental al mar son conceptos diferentes: el agua desplazada por hielo ya flotante no se suma igual que el hielo que sale desde tierra.

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Por qué importa también desde Chile

Nuestro país tiene una costa extensa y ciudades, caletas e infraestructura expuestas a cambios en el nivel del mar. Un incremento global no se traduce exactamente en la misma cifra en cada puerto, porque también intervienen mareas, corrientes, deformación de la tierra, oleaje y fenómenos regionales. La investigación ayuda a planificar riesgos a largo plazo, no a anunciar una evacuación inmediata.

Para la ciencia chilena, comprender mejor la Antártica tiene valor más allá de la proximidad geográfica. Los hielos polares aportan información sobre clima, circulación del océano y procesos que pueden impactar a comunidades alejadas del continente blanco. Medir con satélites, sensores y campañas científicas permite evaluar hipótesis que no pueden resolverse con fotografías llamativas.

Otra consecuencia es para quienes diseñan infraestructura. Planificar un borde costero exige considerar escenarios distintos y revisar periódicamente las estimaciones. Una decisión que funciona con el nivel del mar actual puede necesitar ajustes si la exposición cambia durante décadas.

En OHZOM explicamos cómo los instrumentos científicos registran los sismos y cómo los telescopios permiten ver fenómenos lejanos. En esta historia, las observaciones espaciales ayudan a comprender un fenómeno que sucede bajo una gruesa capa de hielo.

La noticia no es que NASA haya descubierto un destino inevitable, sino que los investigadores encontraron una manera de representar mejor un proceso que antes simplificábamos. En tiempos de titulares extremos, reconocer lo que todavía no sabemos es parte esencial de informar sobre ciencia.

Fuente principal: NASA JPL, 20 de octubre de 2026.

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