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La IA no va a resolver los problemas sociales por escribir un buen prompt. Cien estudiantes chilenos intentarán demostrar qué pasa cuando la usan con un objetivo concreto.

Duoc UC y la Pontificia Universidad Católica de Chile anunciaron una Hackathon Social para este 6 de noviembre, que convocará a cien estudiantes organizados en veinte equipos interdisciplinarios. El encuentro propondrá soluciones con inteligencia artificial para tres dificultades reconocibles: la situación de personas mayores, la deserción en la educación superior y el acceso a información pública que ayude a participar en democracia.

El anuncio forma parte de las actividades del octavo Congreso Social, cuyo encuentro principal está previsto para el 10 de noviembre en el Campus San Joaquín de la UC. Las fechas no son intercambiables: la hackathon se realizará el 6 y el congreso el 10 de noviembre. Ese detalle importa para quienes quieran participar o seguir los resultados.

La promesa es atractiva, pero conviene fijar las expectativas. Una hackathon es un ejercicio intensivo donde equipos identifican un problema, construyen una idea y muestran prototipos. No es una investigación clínica, una política pública aprobada ni una solución comercial lista para instalar. El verdadero valor puede estar en aprender a formular buenas preguntas y probar hipótesis frente a personas reales.

Tres desafíos donde un algoritmo no basta

El primer reto tiene que ver con envejecimiento y redes de cuidado. Los equipos explorarán formas de detectar riesgos que afectan a personas mayores y vincularlas con apoyo comunitario. La tecnología podría ayudar a organizar información y orientar recursos, pero un sistema automático no debe convertir situaciones humanas complejas en una etiqueta sin revisión.

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Cualquier aplicación de este tipo necesitaría consentimiento informado, protección de datos y procedimientos para resolver errores. Los modelos pueden interpretar mal señales de vulnerabilidad o pasar por alto situaciones que no figuran en bases de datos. Además, cuidar no es simplemente enviar una alerta: también significa contar con personas e instituciones capaces de responder.

El segundo desafío abordará la deserción en educación superior. La idea es identificar tempranamente señales de riesgo y orientar acompañamiento. Usar información académica puede ayudar a detectar obstáculos, siempre que las conclusiones no se conviertan en decisiones automáticas que perjudiquen a los mismos estudiantes que se busca apoyar.

El tercer desafío apunta a fortalecer la participación cívica mediante herramientas que faciliten acceder a información pública verificable, comprender proyectos o procesos institucionales y participar en decisiones locales. Allí la exactitud de las fuentes resulta fundamental: una explicación fácil de leer no sirve si simplifica de forma engañosa una norma o inventa antecedentes.

La utilidad de estos prototipos dependerá menos del nombre del modelo de IA empleado que de su capacidad para incorporar fuentes comprobables, límites claros y mecanismos de revisión humana. Es la diferencia entre un demo vistoso y una herramienta que podría sostenerse en el tiempo.

Qué habrá que mirar después de la hackathon

El Congreso Social incluirá un diálogo sobre ética y tecnología, junto con una feria de proyectos comunitarios. Entre sus participantes anunciados figuran especialistas en ciencia de datos y reflexión ética. La organización describe la jornada con el foco puesto en dignidad humana y encuentro, lo que ofrece un marco pertinente para discutir la relación entre automatización y decisiones.

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Cuando se presenten los resultados, será importante preguntar por los datos utilizados, quiénes probaron las propuestas, cómo se evaluó el sesgo y qué ocurriría si una recomendación de la IA fuera incorrecta. Un proyecto responsable puede reconocer que todavía no tiene la respuesta; no necesita fingir certeza para resultar interesante.

También convendrá saber qué iniciativas recibirán seguimiento después del evento. Sin un socio institucional, un presupuesto y un plan de implementación, muchos prototipos quedan guardados en presentaciones. La continuidad es lo que separa una experiencia educativa de un impacto social medible.

En OHZOM contamos cómo profesores chilenos se están formando en IA y qué límites conviene poner al usarla para elegir una carrera. Ambas discusiones conectan con esta iniciativa: la tecnología puede orientar, pero no debe reemplazar sin más el criterio de una persona.

La Hackathon Social propone una prueba concreta para la industria: si los sistemas inteligentes quieren mejorar la vida cotidiana, tendrán que demostrar utilidad, transparencia y capacidad de escuchar a quienes enfrentan los problemas. Eso es bastante más exigente que ganar una competencia de prompts.

Fuentes: Comunicado de prensa enviado a OHZOM por Duoc UC y la Pontificia Universidad Católica de Chile, 2 de noviembre de 2026.

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