Hay cuerpos celestes que llevan miles de millones de años viajando cerca de la órbita de Júpiter y todavía guardan historias del nacimiento del sistema solar. La nave Lucy de la NASA acaba de entrar en la región donde viven algunos de esos asteroides troyanos, después de cinco años de travesía. No llegó a aterrizar: recién comienza a acercarse a un grupo que podría dar pistas sobre cómo se formaron los planetas.
La NASA informó el 28 de octubre que Lucy es la primera misión diseñada para visitar estas poblaciones de asteroides. Lanzada en octubre de 2021, ha recorrido más de 2.200 millones de millas acumuladas durante su trayectoria. Sus instrumentos y comunicaciones continúan funcionando según lo previsto mientras se aproxima a la zona asociada con el punto de Lagrange L4.
¿Cómo pueden unos asteroides viajar junto a un planeta gigante?
Los troyanos no son pequeñas lunas que giran pegadas a Júpiter. Comparten su órbita alrededor del Sol y se concentran en regiones donde la gravedad del Sol y del planeta permite configuraciones relativamente estables. Un grupo viaja por delante de Júpiter y otro lo sigue, alrededor de puntos conocidos como L4 y L5.
Eso no significa que estén estacionados. Se desplazan a través del espacio y guardan grandes distancias entre sí. Según la NASA, la separación media supera los seis millones de millas. Lucy no está entrando a un cinturón tan apretado como los campos de rocas de las películas; desde lejos los objetos siguen pareciendo pequeños puntos luminosos.
Los científicos sospechan que estos cuerpos conservan materiales y características de las primeras etapas del sistema solar. Analizar sus superficies, composición y formas puede ayudar a poner a prueba hipótesis sobre la migración de los planetas gigantes. No existe una garantía de que un solo encuentro resuelva todos esos enigmas, pero cada medición suma evidencia.
OHZOM ha seguido otras misiones que también buscan comprender el espacio utilizando tecnologías muy distintas. Por ejemplo, contamos cómo un satélite con Nvidia intenta procesar inteligencia artificial directamente en órbita. Lucy persigue otra meta: observar objetos naturales a distancias enormes, lo que exige una misión de larga duración y maniobras precisas.
El diseño del recorrido aprovecha asistencias gravitatorias para visitar varios asteroides sin necesitar un combustible imposible de transportar. Estas maniobras cambian la trayectoria de la nave utilizando la gravedad de cuerpos mayores. La ruta parece un baile cósmico complicado, pero responde a cálculos orbitales muy precisos.
La primera cita será en 2027, no durante esta semana
Hay un detalle que puede perderse entre titulares: llegar a la región no equivale a haber fotografiado de cerca sus principales objetivos. La NASA proyecta que el primer encuentro con el troyano Eurybates ocurra el 11 de agosto de 2027. Después vendrían otros sobrevuelos, incluyendo Polymele, Leucus y Orus, según el calendario de la misión.
Cada visita ofrece un tiempo limitado para registrar imágenes y mediciones. Por eso las operaciones deben planificarse con anticipación, desde la orientación de instrumentos hasta el almacenamiento de datos. A tanta distancia, no es posible conducir la nave como un dron con órdenes instantáneas. El equipo necesita prepararla para ejecutar secuencias con alto grado de autonomía.
Tras el grupo delantero de asteroides, Lucy regresará hacia la Tierra para otra asistencia gravitatoria y se dirigirá luego hacia el grupo que sigue a Júpiter. La planificación contempla estudiar el par Patroclus-Menoetius en 2033. Es una investigación de largo aliento, muy distinta de un experimento cuyo resultado conocemos al día siguiente.
El trabajo recuerda que astronomía y tecnología chilena también pueden conectarse. Hace poco cubrimos un proyecto que busca calibrar telescopios desde el espacio. Son misiones diferentes, pero dependen de mediciones extremadamente precisas y de sistemas capaces de operar lejos de las comodidades de un laboratorio.
La cronología oficial se encuentra en el comunicado de la NASA sobre la llegada de Lucy. El premio no es una fotografía espectacular mañana: es entender mejor qué pasó hace unos 4.500 millones de años.
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