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Las empresas chilenas parecen confiar bastante en su propia transformación digital, pero no miran con el mismo optimismo al resto del país. El Radar Digital 2026 de Fundación País Digital encontró que el 75% de los participantes evaluó con nota 4 o 5 la madurez digital de su organización, mientras solo el 17% entregó esa evaluación al conjunto de las empresas chilenas. Esa distancia abre una pregunta incómoda: ¿estamos realmente avanzados o todos creemos que los atrasados son otros?

El informe fue desarrollado por el Centro de Estudios de Fundación País Digital con apoyo de Transbank y colaboración de Grande Pyme y la Universidad del Desarrollo. Su presentación reúne datos de empresas medianas y grandes, además de una participación adicional de pymes que completa 186 respuestas. Es importante hablar de personas y organizaciones encuestadas, no extrapolar automáticamente los resultados a todas las empresas de Chile. La muestra y los sectores participantes condicionan la lectura.

La diferencia entre 75% y 17% no demuestra por sí sola que las compañías estén mintiendo o evaluándose equivocadamente. Una empresa puede conocer sus proyectos internos y tener una percepción menos precisa del avance de otras organizaciones. Pero la brecha sí evidencia una diferencia enorme entre cómo se mira el trabajo propio y cómo se imagina el entorno. Eso podría influir en decisiones de inversión, competencia, alianzas y expectativas sobre digitalización del país.

El negocio detrás de la tecnología

El documento agrega una cifra que ayuda a poner los pies en la tierra. Una proporción relevante de organizaciones mantiene procesos críticos con fuerte dependencia de tareas manuales. También aparecen desafíos de integración entre sistemas. Una empresa puede disponer de plataformas modernas y aun así obligar a los trabajadores a copiar datos entre herramientas que no conversan. Esa fricción es importante porque la madurez digital no consiste solamente en contratar software: se mide también por cómo cambian los procesos.

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El estudio analiza la incorporación de inteligencia artificial en áreas como datos y analítica, operaciones, ciberseguridad, ventas y atención de clientes. Sus resultados sugieren que la adopción no avanza al mismo ritmo en todas las funciones. Las tareas estructuradas pueden resultar más fáciles de automatizar, mientras otras necesitan controles adicionales por sensibilidad, contexto y responsabilidad. Una organización con un chatbot no necesariamente ha resuelto gobernanza de datos ni preparado a sus equipos para utilizarlo.

Qué significa para Chile y los usuarios

Otro problema es la disponibilidad de talento. En la presentación, 48% señala que los perfiles de IA y aprendizaje automático están entre los más difíciles de encontrar o retener. Eso muestra que la transformación digital tiene un componente humano que no se resuelve con comprar licencias. Se necesitan personas capaces de integrar sistemas, evaluar resultados, proteger información y traducir necesidades del negocio a soluciones que funcionen sin crear dependencias excesivas.

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La lectura para empresas medianas es especialmente útil. Antes de lanzar un gran proyecto de inteligencia artificial, conviene identificar dónde se pierde tiempo: autorizaciones manuales, datos duplicados, sistemas desconectados o indicadores que llegan tarde. La mejora más rentable puede ser un cambio de proceso que no aparece en los titulares. También ayuda establecer metas verificables y responsables claros, porque una plataforma sin mantenimiento termina convirtiéndose en otro problema de integración.

El informe también invita a revisar la distancia entre incorporar tecnología y cambiar hábitos. Si una empresa compra un sistema de gestión, pero sigue aprobando todo mediante correos y planillas separadas, la digitalización puede quedar en la superficie. Una medición de madurez debería considerar el acceso a datos oportunos, la trazabilidad de los procesos y la capacidad de responder cuando algo falla. La autopercepción importa porque refleja confianza, pero las mejoras sostenibles requieren indicadores que puedan comprobarse desde fuera de una presentación comercial.

El Radar Digital 2026 ofrece una base para discutir estas brechas sin caer en la simplificación de que Chile está completamente atrasado o ya resolvió la transformación digital. Las cifras de percepción son útiles como termómetro de expectativas; las mediciones de procesos, adopción y talento ayudan a entender la realidad cotidiana. La gran pregunta no es solo qué tan digitales se sienten las empresas, sino qué parte del trabajo mejoró realmente gracias a esa inversión.

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