Un estudio publicado en Nature con participación de académicos de la Universidad de Chile plantea una explicación para un fenómeno que aparece en erupciones volcánicas, procesos industriales e incluso en algo tan cotidiano como el café molido.
La electricidad estática suele aparecer donde menos uno la espera. No solo en un globo frotado o en la ropa recién salida de la secadora, sino también en granos de arena, ceniza volcánica y polvo industrial. Ahora, un estudio internacional propone una explicación más concreta para ese comportamiento: la clave no estaría en el interior de las partículas, sino en la química de su superficie.
Un misterio viejo, pero con una pista nueva
Durante años, una de las dudas más llamativas en física de materiales ha sido por qué partículas aparentemente idénticas, hechas del mismo material, pueden cargarse de manera distinta al tocarse, rozarse o separarse. Eso se observa en sistemas granulares, es decir, en conjuntos de pequeños granos sólidos como arena, ceniza o polvos usados en distintas industrias.
Según reportó El Reportero de Iquique, académicos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile participaron en una investigación que busca responder justamente esa pregunta. El trabajo apunta a que la diferencia no estaría en el volumen del material, sino en una capa superficial de compuestos de carbono que se va adhiriendo de forma desigual a cada partícula.
La publicación apareció en Nature el 18 de marzo de 2026 bajo el título Adventitious carbon breaks symmetry in oxide contact electrification. La revista resume que, al medir intercambio de carga en superficies idénticas de dióxido de silicio y controlar la polaridad mediante limpieza térmica o plasma, se observa que el llamado “carbono adventicio” rompe esa simetría que antes parecía casi azarosa.
La superficie mandaría más de lo que parecía
En términos simples, la idea es que dos granos que se ven iguales no necesariamente llegan “igual de limpios” al contacto. Cada uno tendría una historia distinta de exposición al ambiente y, con eso, una cantidad diferente de contaminación superficial. Esa diferencia microscópica sería suficiente para alterar cuánta carga se transfiere y hacia dónde.
En la nota original, el académico Nicolás Mujica lo resume así: “Durante mucho tiempo se pensó que la transferencia de carga entre granos idénticos era un proceso esencialmente aleatorio”. Su planteamiento es que existiría un parámetro concreto capaz de romper esa simetría: el estado químico de la superficie.
Eso cambia bastante la lectura del fenómeno. En vez de asumir que la electrificación entre partículas iguales es un capricho de la naturaleza, el estudio propondría que hay mecanismos medibles y manipulables detrás.

Del laboratorio a los volcanes, el café y la industria
Uno de los puntos más interesantes es que este comportamiento podría controlarse experimentalmente. De acuerdo con lo reportado en la nota, cuando las superficies se limpian con calor o plasma, el patrón de carga deja de verse errático y hasta puede invertirse la polaridad. Pero ese orden no dura para siempre: con la exposición al ambiente, las partículas vuelven a contaminarse y el sistema cambia otra vez con el tiempo.
La gracia de este hallazgo es que no se quedaría solo en la teoría. El fenómeno ayudaría a entender mejor por qué aparecen campos eléctricos intensos en erupciones volcánicas, por qué algunos polvos industriales generan riesgos de descarga o explosión, y por qué en productos como el café molido la electricidad estática puede afectar el comportamiento de las partículas antes del contacto con el agua. Nature, de hecho, destacó este punto en un texto complementario sobre cómo una contaminación de carbono en la superficie puede impulsar la carga estática entre aislantes hechos del mismo material.
También hay una lectura local interesante: que investigadores de la Universidad de Chile aparezcan vinculados a este tipo de trabajo muestra cómo la investigación hecha desde Chile puede entrar en discusiones de frontera, conectando física, química de superficies y fenómenos bien concretos del mundo real.
Un estudio que baja a tierra algo que parecía puro azar
Lo más llamativo de esta historia es que toma un fenómeno muy vistoso —como los relámpagos en una nube de ceniza— y lo aterriza a una explicación molecular bastante precisa. No se trata de decir que el misterio quedó cerrado para siempre, pero sí de que ahora habría una variable mucho más clara para seguir investigando.
Y eso, en ciencia, no es menor. Porque cuando algo deja de parecer completamente aleatorio, se abre la puerta a medirlo mejor, modelarlo mejor y también a diseñar formas de controlarlo. En un escenario donde polvo, partículas finas y materiales granulares están presentes en procesos naturales, industriales y cotidianos, entender esa electricidad “invisible” podría terminar siendo bastante más útil de lo que suena a primera vista.
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