Iban a mitad del Atlántico rumbo al Caribe cuando apareció un pasajero inesperado. El regreso se canceló y hubo limpieza total. Qué pasó, qué dicen los videos y por qué la compensación sería difícil.
Imagina estar a 10.000 metros, soñando con la playa, y que corra la voz: hay una rata a bordo. Eso vivieron unos 250 pasajeros en un vuelo de KLM de Ámsterdam a Aruba. El hallazgo obligó a suspender el tramo de vuelta y a desinfectar el avión de arriba abajo, una odisea que —según la prensa neerlandesa— tardó más de un día en resolverse. La historia la recogió Xataka con detalles y enlaces a los videos compartidos por los propios viajeros.
La escena: “hay algo moviéndose en los compartimentos”
Según el artículo, cuando el avión ya encaraba el Caribe, la tripulación y varios pasajeros detectaron al roedor moviéndose entre cortinas y compartimentos superiores; incluso hay clips en redes sociales y medios como De Telegraaf. Pese al susto, “los pasajeros mantuvieron la calma y la tripulación no perdió de vista al animal en ningún momento”, citan a RTL. KLM habría tardado unas 36 horas en capturarlo desde el primer avistamiento.
¿Por qué se canceló el regreso?
Una vez cazada la rata, la aerolínea decidió dejar el avión en tierra para una limpieza y desinfección exhaustiva. No es capricho: un roedor a bordo puede dañar cableado, contaminar zonas de servicio o, simplemente, impedir certificar las condiciones sanitarias para el siguiente vuelo, especialmente si se sospecha que pudo acercarse al catering. Por eso, los más de 250 pasajeros tuvieron que pasar la noche a la espera de otra aeronave.

Compensaciones: el punto legal menos simpático
¿Dinero por el retraso? Los expertos consultados por De Telegraaf matizan que sería complicado: al tratarse de un hecho “excepcional”, tocaría probar que la aerolínea fue responsable de que el animal se colara, por ejemplo, a través del servicio de catering. Sin esa evidencia, la compensación podría no prosperar.
¿Cómo llega una rata a un avión?
No hay diagnóstico oficial, pero hay pistas: los aeropuertos son ecosistemas gigantes con logística (carros de maletas, camiones de comida, bodegas) y múltiples puntos por donde un roedor podría subirse sin ser visto. De noche y con tiempos acotados de rotación, detectarlo antes de despegar no siempre es fácil. La moraleja para las aerolíneas podría ser endurecer protocolos de inspección en catering y bodegas, sobre todo en rutas largas.
Los pasajeros, entre el meme y la paciencia
A juzgar por los videos, hubo más morbo que pánico: el “polizón” se movía con soltura y la tripulación actuó con calma. Si algo deja claro el episodio es que, en aviación, la seguridad manda: mejor perder un día en Aruba que despegar con dudas higiénicas o técnicas.
Dato curioso: los roedores pueden colarse por aberturas de menos de 2 cm y, en tierra, llegan a trepar ruedas y rampas; por eso, en aviación se usan cebos y barreras específicas en zonas de carga.

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